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Corriente Literaria Dela Obra El Caballero Carmelo [TOP]


Esbelto, magro, musculoso y austero, su afilada cabeza roja era la de un hidalgo altísimo, caballeroso, justiciero y prudente. Agallas bermejas, delgada cresta de encendido color, ojos vivos y redondos, mirada fiera y perdonadora, acerado pico agudo. La cola hacía un arco de plumas tornasoles, su cuerpo de color carmelo avanzaba en el pecho audaz y duro. Las piernas fuertes que estacas musulmanas defendían, cubiertas de escamas, parecían las de un armado caballero medieval.




Corriente Literaria Dela Obra El Caballero Carmelo



Toñuz (Pluchea chingoyo), es una planta oriunda de Sudamérica, se encuentra desde Perú hasta Argentina. Aparece mencionada por lo menos en tres de las obras de este escritor, El Vuelo de los Cóndores, El caballero Carmelo ( mi preferido) y Los ojos de Judas. En Ica, región peruana, es muy común su uso para vallar áreas de cultivo, huertas, etc.


El poema Tristitia de Abraham Valdelomar encaja fielmente en la corriente postmodernista que adoptó el autor a mitad de carrera literaria. Está escrito en forma de soneto y describe su infancia entre la serenidad y la tristeza.


summary_noimg = 800;summary_img = 650;img_thumb_height = 150;img_thumb_width = 200; //=1) imgtag = '';summ = summary_img;var summary = imgtag + '' + removeHtmlTag(div.innerHTML,summ) + '';div.innerHTML = summary;}//]]>ANÁLISIS DE EL VUELO DE LOS CÓNDORES 1. AUTOR: Abraham Valdelomar.-Nació en Ica, en el año de 1888.-Hizo sus estudios primarios en su tierra natal.-Estudió la secundaria en el Colegio Nacional Nuestra Señora deGuadalupe (Lima).-Fundó la revista literaria "Colónida".-Hizo periodismo y escribió novelas, cuentos, ensayos, teatros, entre otros.-Fue un viajero empedernido, logrando visitar muchos lugares del Perú.-Tuvo una vida agitada en la vida política en el Perú.-Abraham Valdelomar, falleció en la ciudad de Ayacucho, en 1919.OBRAS:-El Caballero Carmelo-Los ojos de Judas-Cuentos Yanquis-El Hipocampo de oro-La ciudad de los tísicos-Yerba Santa-La psicología del gallinazo-La Mariscala2. LOCALIZACIÓN: El vuelo de los cóndores está incluido en el libro de cuentos: El Caballero Carmelo.3. GÉNERO LITERARIO: Narrativo.4. ESPECIE LITERARIA: Cuento.5. FORMA DE EXPRESIÓN: El vuelo de los cóndores está escrito en prosa.6. ESCUELA O MOVIMIENTO LITERARIO QUE PERTENECE EL AUTOR: Abraham Valdelomar pertenece a la escuela literaria: Colónida.7. ESTRUCTURA DE LA OBRA: El cuento está dividido en siete capítulos cortos.8. PERSONAJES DE LA OBRA: . Personajes principales: El niño Abraham y miss Orquídea (la niña trapecista) .. Personajes secundarios: Padres de Abraham, hermana y su hermano Anfiloquio, el barrista Kendall, el domador mister Glandys, la hermosa amazona miss Blutner y el payaso "Confitito".9. AMBIENTE Y ESPACIO: El cuento El vuelo de los cóndores se desarrollan en dos ámbitos: la casa de la familia de Abraham y el circo.10. EL TIEMPO: El escritor Abraham Valdelomar escribió el cuento en tiempo "pasado", ya que rememora su lejana infancia. 11. EL TEMA: El tema central de El vuelo de los cóndores es: El gran entusiasmo que sienten el niño Abraham y los pobladores de Pisco por la función del circo.12. LAS ACCIONES: Las acciones más importantes del cuento son: .-La tardanza del niño Abraham a casa después de la salida del colegio por ver a los artistas del circo que habían llegado recién al pueblo:-La entrega de las entradas para el circo que dio el padre a sus hijos al término del almuerzo. -La entrada al circo que hizo la familia de Abraham para ver la función artística. -La presentación artística de miss Orquídea y la caída de ésta ?e1 trapecio.-La amistad que se dio entre el niño Abraham y miss Orquídea.-La despedida de miss Orquídea del niño Abraham.13. ARGUMENTO: Haravicus El vuelo de los cóndores del cuentista Abraham Valdelomar tiene el siguiente argumento:El circo que viene de lejos, llega a la ciudad de Pisco, creando un gran alboroto en la ciudad. El niño Abraham, cuando sale de la escuela se queda en el muelle para ver a los artistas del circo. Se queda hasta tarde mirando a los personajes del circo: el musculoso barrista Kendall, el domador mister Glandys, la hermosísima miss Blutner y al payaso "Confitito". El día de la función cirquense, el niño Abraham va con su padre y hermanos al circo. Los primeros números artísticos del circo fueron espectaculares y aplaudieron los asistentes a rabiar; pero al llegar el número central El vuelo de los cóndores, cuya estrella es nada menos que miss Orquídea, quien cae del trapecio salvándose de una muerte segura si no fuera por la red. Miss Orquídea queda inválida ya no podrá a repetir jamás ese número artístico tan peligroso. El niño Abraham, días después descubre a la trapecista sobre una terraza. El y ella se miran, se sonríen y así día a día va naciendo un sentimiento entre ellos. Llega el día inesperado y cruel, pues el circo debe partir del pueblo y con él la bella miss Orquídea. Se produce la despedida definitiva entre el niño Abraham y miss Orquídea.EL VUELO DE LOS CÓNDORES(Abraham Valdelomar)IHaravicus Aquel día demoré en la calle y no sabía qué decir al volver a casa. A las cuatro salí de la escuela, deteniéndome en el muelle, donde un grupo de curiosos rodeaba a unas cuantas personas. Metido entre ellos supe que había desembarcado un circo.-Ese es el barrista -decían unos, señalando a un hombre de mediana estatura, cara angulosa y grave, que discutía con los empleados de la aduana.-Aquel es el domador:Y señalaban a un sujeto hosco, de cónica patilla, con gorrita, polainas, fuete y cierto desenfado en el anclar. Le acompañaba una bella mujer con flotante velo lila en el sombrero; llevaba un perrillo atado a una cadena y una maleta.-Este es el payaso, dijo alguien.El buen hombre volvió la cara vivamente: -Qué serio!-Así son en la calle.Era este un joven alto, de movibles ojos, respingada nariz y ágiles manos. Pasaron luego algunos artistas más; y cogida de la mano de un hombre viejo y muy grave, una niña blanca, muy blanca, sonriente, de rubios cabellos lindos y morenos ojos. Pasaron todos. Seguí entre la multitud aquel desfile y los acompañé hasta que tomaron el cochecito, partiendo entre la curiosidad bullanguera de las gentes.Yo estaba dichoso por haberlos visto. Al día siguiente contaría en la escuela quiénes eran, cómo 'eran, y qué decían. Pero encaminándome a casa, me di cuenta de que ya estaba obscureciendo. Era muy tarde. Ya habrían comido. Qué decir? Sacome de mis cavilaciones una mano posándose en mi hombro.-Cómo! Dónde has estado?Era mi hermano Anfiloquio. Yo no sabía qué responder.-Nada -apunté con despreocupación forzada- que salimos tarde del colegio...-No puede ser, porque Alfredito llegó a su casa a las cuatro y cuarto...Me perdí. Alfredito era hijo de don Enrique, el vecino, le habían preguntado por mí y había respondido que salimos juntos de la Escuela. No había más. Llegamos a casa. Todos estaban serios. Mis hermanos no se atrevían a decir palabra. Felizmente, mi padre no estaba y cuando fui a ciar el beso a mamá, ésta sin darle la importancia de otros días, me dijo fríamente:-Cómo, jovencito, éstas son horas de venir? Yo no respondí nada. Mi madre agregó: -Está bien!...Metime en mi cuarto y me senté en la cama con la cabeza inclinada.Nunca había llegado tarde a mi casa. Oí un manso ruido: levanté los ojos. Era mi hermanita. Se acercó a mí tímidamente.-Oye -me dijo tirándome del brazo y sin mirarme de frente- anda a comer...Su gesto me alentó un poco. Era mi buena confidente, mi abnegada compañera, la que se ocupaba de mí con interés como de ella misma.-Ya comieron todos?, le interrogué.-Hace mucho tiempo. Si ya vamos a acostamos! Ya van a bajar el farol...-Oye, le dije, y qué han dicho?...-Nada; mamá no ha querido comer. ..Yo no quise ir a la mesa. Mi hermana salió y volvió al punto trayéndome a escondidas un pan, un plátano y unas galletas que le habían regalado en la tarde.-Anda, come, no seas zonzo. No te van a hacer nada .. Pero eso sí, no lo vuelvas a hacer.-No, no quiero.-Pero oye, dónde fuiste? ...Me acordé del circo. Entusiasmado pensé en aquel admirable circo que había llegado, olvidé a medias mi preocupación, empecé a contarle las maravillas que había visto. Eso era un circo!-Cuántos volatineros hay -le decía- un barrista con unos brazos muy fuertes; un domador muy feo, debe ser muy valiente porque estaba muy serio. Y el oso! En su jaula de barrotes, husmeando entre las rendijas! Y el payaso! ... Pero qué serio es el payaso! Y unos hombres, un montón de volatineros, el caballo blanco, el mono, con su saquito rojo, atado a una cadena. Ah!, es un circo espléndido!-Y cuándo dan función? -El sábado...E iba a continuar, cuando apareció la criada: -Niñita. A acostarse!Salió mi hermana. Oí en la otra habitación la voz de mi madre que la llamaba y volví a quedarme solo, pensando en el circo, en lo que había visto y en el castigo que me esperaba.Todos se habían acostado ya. Apareció mi madre, sentase a mi lado y me dijo que había hecho muy mal. Me riño blandamente, y entonces tuve claro concepto de mi falta. Me acordé de que mi madre no había comido por mí; me dijo que no se lo diría a papá, porque no se molestase conmigo. Que yo la hacía sufrir, que yo no la quería...Cuán dulces eran las palabras de mi pobrecita madre! Qué mirada tan pesarosa con sus benditas manos cruzadas en el regazo! Dos lágrimas cayeron juntas de sus ojos, y yo, que hasta ese instante me había contenido, no pude más y, sollozando, le besé las manos.Ella me dio un beso en la frente. Ah, cuán feliz era, qué buena era mi madre que sin castigarme, me había perdonado!Me dio después muchos consejos, me hizo rezar "el bendito", me ofreció la mejilla que besé, y me dejó acostado.Sentí ruido al poco rato. Era mi hermanita. Se había escapado de su cama descalza; echó algo sobre la mía, y me dijo volviéndose a la carrera y de puntitas como había entrado:-Oye, los dos centavos para ti, y el trompo también te lo regalo...IIHaravicus Soñé con el circo. Claramente aparecieron en mi sueño todos los personajes. Vi desfilar a todos los animales. El payaso, el oso, el mono, el caballo, y, en medio de ellos, la niña rubia, delgada, de ojos negros, que me miraba sonriente. Qué buena debía ser esa criatura tan callada y delgaducha! Todos los artistas se agrupaban, bailaba el oso, pirueteaba el payaso, giraba en la barra el hombre fuerte, en su caballo blanco daba vueltas al circo una bella mujer, y todo se iba borrando en mi sueño, quedando sólo la imagen de la desconocida riña con su triste y dulce lánguida.Llegó el sábado. Durante el almuerzo, en mi casa, mis hermanos hablaron del circo. Exaltaban la agilidad del barrista, el mono era un prodigio, jamás había llegado un payaso más gracioso que "Confitito"; qué oso tan inteligente! Y luego... todos los jóvenes de Pisco iban a ir aquella noche al circo...Papá sonreía aparentando seriedad. Al concluir el almuerzo sacó pausadamente un sobre.-Entradas! -cuchichearon mis hermanos.-Sí, entradas! Espera!...-Entradas! -insistía el otro.El sobre fue a poder de mi madre.Levantase papá y con él la solemnidad de la mesa, y todos saltando de nuestros asientos, rodeamos a mi madre.-Qué es? Qué es?-Estarse quietos o... no hay nada!Volvimos a nuestros puestos. Abriose el sobre y oh, papelillos morados! Eran las entradas para el circo; venían dentro un programa. Qué programa! Con letras enormes y con los artistas pintados! Mi hermano mayor leyó. Qué admirable maravilla!El afamado barrista Kendall, el hombre de goma; el célebre domador Mister Glandys; la bellísima amazona Miss Blutner con su caballo blanco, el caballo matemático, el graciosísimo payaso "Confitito", rey de los payasos del Pacífico, y su mono; y el extraordinario y emocionante espectáculo "El vuelo de los cóndores", ejecutado por la pequeñísima artista Miss Orquídea.Me dio una corazonada. La niña no podía ser otra... Miss Orquídea. Y esa niña frágil y delicada iba a realizar aquel, prodigio? Celebraron alborozados mis hermanos el circo, y yo, pensando, me fui al jardín, después a la escuela, y aquella tarde no atravesé palabra con ninguno de mis camaradas.IIIHaravicus A las cuatro salí del colegio, y me encaminé a casa. Dejaba los libros cuando sentí ruido y las carreras atropelladas de mis hermanos.-El "convite"! El "convite"! ...-Abraham, Abraham!, gritaba mi hermanita. Los volatineros!Salimos todos a la puerta. Por el fondo de la calle venia un grupo enorme de gente que unos cuantos músicos precedían. Avanzaron. Vimos pasar la banda de músicos con sus bronces ensortijados y sonoros, el bombo iba delante dando atronadores compases, después, en un caballo blanco, la artista Miss Bluther, con ceñido talle, sus rosadas piernas, sus brazos desnudos y redondos. Precioso atavío llevaba el caballo, que un hombre con casaca roja y un penacho en la cabeza, llena de cordones, portaba de la brida; después iba Mister Kendall, en traje de oficio, mostrando sus musculosos brazos en otro caballo. Montaba el tercero miss Orquídea, la bellísima criatura, que sonreía tristemente; en seguida el mono, muy engalanado, caballero en un asno pequeño, y luego "Confitito", rodeado de muchedumbre de chiquillos que palmoteaban a su lado llevando el compás de la música.En la esquina se detuvieron y "Confitito" entonó al son de la música esta copla:Los jóvenes de este tiempoUsan flor en el ojalY dentro de los bolsillosNo se les encuentra un realUna algazara estruendos a coreó las últimas palabras del payaso. Agitó éste su cónico gorro, dejando al descubierto su pelada cabeza.Rompió el bombo la marcha y todos se perdieron por el fin de la plazoleta hacia los rieles del ferrocarril para encaminarse al pueblo. Una nube de polvo los seguía y nosotros entramos a casa nuevamente, en tanto que la caravana multicolor y sonora se esfumaba detrás de los toñuces, en el salitroso camino.IVHaravicus Mis hermanos comieron. No veíamos la hora de llegar al circo. Vestímonos, y listos, nos despedimos de mamá. Mi padre llevaba su "Carlos Alberto". Salimos, atravesamos la plazuela, subimos la calle del tren, que tenía al final una baranda de hierro, y llegamos al cochecito, que agitaba su campana. Subimos al carro, sonó el pitear de partida; una trepidación; soltase el breque, chasqueó el látigo, y las mulas halaron.Llegamos por fin al pueblo y poco después al circo. Estaba éste en una estrecha calle. Un grupo de gentes se estacionaban en la puerta que iluminaban dos grandes aparatos de bencina de cinco luces. A la entrada, en la acera, había mesitas, con pequeños toldos, donde en f1oreados vasos con las armas de la patria estaba la espumosa blanca chicha de maní, la amarilla de garbanzos y la dulce de "bonito", las butifarras, que eran panes en cuya boca abierta el ají y la lechuga ocultaban la carne; los platos con cebollas picadas en vinagre, la fuente de "escabeche" con sus yacentes pescados, "la causa", sobre cuya blanda masa reposaba graciosamente el rojo de los camarones, el morado de las aceitunas, los pedazos de queso, los repollos verdes y el "pisco" oloroso, alabado por las vendedoras...Entramos por un estrecho callejoncito de adobes, pasamos un espacio pequeño donde charlaban gentes, y al fondo, en un inmenso corralón, levantábase la carpa. Una gran carpa, de la que salían gritos, llamadas, piteos, risas. Nos instalamos. Sonó una campanada.-Segunda! -gritaron todos, aplaudiendo.El circo estaba rebosante. La escalonada muchedumbre formaba un gran círculo, y delante de los bajos escalones, separada por un zócalo de lona, la platea, y entre ésta y los palcos que ocupábamos nosotros, un pasadizo. Ante los palcos estaba la pista, la arena donde iban a realizarse las maravillas de aquella noche.Sonó largamente otro campanillazo.-Tercera! Bravo, bravo!La música comenzó con el programa: Obertura por la banda. Presentación de la compañía. Salieron los artistas en doble fila. Llegaron al centro de la pista y saludaron a todas partes con una actitud uniforme, graciosa y peculiar; en el centro, Miss Orquídea con su admirable cuerpecito, vestido de punto, con zapatillas rojas, sonreía.Salió el barrista, gallardo, musculoso, con sus negros, espesos y retorcidos bigotes. Qué bien peinado! Saludó. Ya estaba lista la barra, Sacó un pañuelo de un bolsillo secreto en el pecho, colgase, giró retorcido vertiginosamente, parose en la barra, pendió de corvas, de brazos, de vientre; hizo rehiletes y, por fin, dio un gran salto mortal y cayó en la alfombra en el centro del circo. Gran aclamación. Agradeció. Después todos los números del programa. Pasó Miss Blutner corriendo en su caballo; contó éste con la pata desde uno hasta diez; a una pregunta que le hizo su ama de si dos y dos eran cinco, contestó negativamente con la cabeza, en convencido ademán. Salió Mister Glandys con su oso; bailó éste acompasado y socarrón, pirueteó el mono, se golpeó varias veces el payaso y, por fin, el público exclamó al terminar el segundo entreacto:-El vuelo de los cóndores!VHaravicus Un estremecimiento recorrió todos mis nervios. Dos hombres de casaca roja pusieron en el circo, upo frente a otro, unos estrados altos, altísimos, que llegaban hasta tocar la carpa. Dos trapecios colgados del centro mismo de ésta oscilaban. Sonó la tercera campanada y apareció entre los artistas Miss Orquídea, con su apacible sonrisa; llegó al centro, saludó graciosamente, colgase de una cuerda y la ascendieron al estrado. Parose en él delicadamente, como una golondrina en un alero breve. La prueba consistía en que la niña tomase el trapecio, que pendiendo del centro, le acercaban con unas cuerdas a la mano, y, colgada de él, atravesara el espacio, donde otro trapecio la esperaba, debiendo en la gran altura cambiar de trapecio y detenerse nuevamente en el estrado opuesto.Se dieron las voces, se soltó el trapecio opuesto, y en el suyo la niña se lanzó mientras el bombo -detenida la música- producía un ruido siniestro y monótono. Qué miedo, qué dolorosa ansiedad! Cuánto habría dado yo porque aquella niña rubia y triste no volase! Serenamente realizó la peligrosa hazaña. El público silencioso y casi inmóvil la contemplaba, y cuando la niña se instaló nuevamente en el estrado y saludó segura de su triunfo, el público la aclamó con vehemencia. La aclamó mucho. La niña bajó, el público seguía aplaudiendo. Ella para agradecer hizo unas pruebas difíciles en la alfombra, se curvó, su cuerpecito se retorcía como un aro, y enroscada, giraba, giraba como un extraño monstruo, el cabello despeinado, el color encendido. El público aplaudía más, más. El hombre que la traía en el muelle de la mano habló algunas palabras con los otros. La prueba iba a repetirse.Nuevas aclamaciones. La pobre niña obedeció al hombre adusto casi inconscientemente. Subió. Se dieron las voces. El público enmudeció, el silencio se hizo en el circo y yo hacía votos, con los ojos fijos en ella, porque saliese bien de la prueba, Sonó una palmada y Miss Orquídea se lanzó... Qué le pasó a la pobre niña? Nadie lo sabía. Cogió mal el trapecio, se soltó a destiempo, titubeó un poco, dio un grito profundo, horrible, pavoroso y cayó como una avecilla herida en el vuelo, sobre la red del circo, que la salvó de la muerte. Rebotó en ella varias veces. El golpe fue sordo. La recogieron, escupió y vi mancharse de sangre su pañuelo, perdida en brazos de esos hombres y en medio del clamor de la multi


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